22 de may. de 2007

Willy Colón

WILLIE COLÓN

Willie Colón: arquitecto de la salsa urbana

Desde sus comienzos en la música, la imagen de Willie Colón se asoció a la del chico intrépido, sagaz y temerario que –a la fuerza– se abrió un espacio entre los grandes nombres de la música caribeña, en el complejo mundo del Nueva York de los años 60.

Ante la mirada atónita de los responsables del sonido latino de esa época, el joven neófito era un "sin nombre", una figura desconocida en los escenarios de la canción popular y, particularmente, un músico de poca monta, extraño, inexperimentado y forastero.

En sus inicios fue censurado por su estilo fuerte y estridente y hasta llegó a ser acusado de inarmónico por quienes ostentaban la veteranía en el ambiente de la música latina.

Cuentan que su apodo de "El Malo" se asoció, en primera instancia, al epíteto con el que se referían a su capacidad interpretativa en el trombón cuando hizo sus primeras apariciones en la grey musical, contando con sólo quince años de edad.

De padres puertorriqueños, William Anthony Colón Román, quien nació el 28 de abril de 1950 en el territorio del Bronx, aprendió muy temprano en su adolescencia a discernir entre las imágenes y adjetivaciones despectivas que se vertían sobre la comunidad latina y la cruda realidad de los inmigrantes de "La Gran Manzana".

Así, pronto convirtió su trabajo artístico en el testimonio social más contundente vestido de sonoridad, con letras memorables que narraron los detalles de las incidencias de la marginalidad, el prejuicio, la pobreza y la miseria.

Aunque hubo otros músicos de la época que asumieron la misma línea temática, nadie mejor que él supo conjugar en armonías el sentimiento de desgarro y desamparo de la diáspora.

"Su música refleja, a la vez, una lírica tradicional rítmica y el llanto de adiós y esperanza de una nueva generación, forzada a abandonar su tierra para congregarse en la urbe estadounidense", comenta el escritor James Moreno.

Willie Colón es, sin duda, un pintor de los rostros de su gente, un artista que plasmó en sus canciones –sobre todo en su sonido fuerte– la conciencia de una generación que exigía el respeto social y que luchó por la vindicación de sus condiciones de vida.

Como productor ha realizado trabajos para Tania Libertad, Sophy y Soledad Bravo, entre otras vocalistas. (Colección Robert Padilla)

Un sabio entre los genios

El músico y arreglista Willie Colón dio sus primeros pasos en las artes como trompetista hasta que descubrió la fascinación del trabajo de Mon Rivera y los usos que éste empleó con el trombón para la interpretación de la bomba y la plena.

Su pasión musical, en cambio, la derivó de su abuela, quien lo crió arrullándolo con las melodías del cancionero popular puertorriqueño, presentándole la fascinación de los ritmos típicos del país.

Temprano en el 1965, este joven intrépido se lanzó a las calles a probar su talento, justo en la época de furor de la música latina en Nueva York, donde dominaban Tito Puente, Charlie Palmieri, Eddie Palmieri, Larry Harlow y Ray Barretto, entre otros.

En 1967, cuando tenía 17 años de edad, se integró al grupo de artistas que formaban parte de la peña de Jerry Masucci y Johnny Pacheco y que fueron responsables de impulsar el auge del nuevo sello discográfico que cohesionaría la nueva expresión musical latina: la Fania.

La entrada de Willie Colón al grupo marcó el momento más significativo de la salsa, en tanto fue el punto de partida más impactante que desarrollaría la nueva expresión salsera, en un intento por homogeneizar los trabajos que desde hacía varios años se realizaban en el mundo latino de Nueva York, como parte de una nueva propuesta sonora.

En ese contexto, la gloria de Willie Colón estribó en su capacidad de elaborar el sonido preciso que identificó el nuevo tiempo rítmico, que en su acepción sociológica significó la representación latina. Nadie mejor que él pudo armonizar las tendencias musicales del mundo anglosajón con la "vieja" escuela latina del mambo, el son, la pachanga, el cha-cha-chá y la guaracha, añadiendo la nostalgia del sonido tradicional puertorriqueño, inscrito en la música jíbara, la bomba y la plena.

El despegue del proyecto musical de Willie Colón se debió, en gran medida, a su junte con el cantante ponceño Héctor Lavoe, quien llegó a él por recomendación del veterano músico Johnny Pacheco, y junto a quien creó el binomio más importante de la salsa.

Junto al denominado "Cantante de Cantantes", elevó su propuesta al máximo renglón de las escenas musicales, sobre todo porque su asertividad al hilvanar un nuevo concepto musical que combinó el tono pícaro e hiriente de la voz de Lavoe y su apego a las melodías de la canción tradicional boricua, con el interés del osado trombonista de proyectar en su trabajo la evocación nostálgica del sonido de las raíces de la música puertorriqueña, en unión al sonido fuerte y agresivo del mundo urbano que los abrigó.

Durante los siete años que duró la unión de Willie Colón y Héctor Lavoe la salsa triunfó. La receta del éxito fue trastocar los patrones rítmicos establecidos para marcar el compás del nuevo tiempo de la salsa, armado de composiciones modernas y matizadas por fraseos y frases típicas del campesinado boricua.

Junto a Rubén Blades volcó la salsa a la interpretación de temas con alto contenido social y político. (Archivo / PRIMERA HORA)

Dueños de la malicia

"EL MALO de aquí soy yo / porque tengo corazón", así terminaba la letra del primer éxito de Héctor Lavoe con Willie Colón, que sentó la tónica en la carrera de este dúo neodinámico.

Esta imagen de "malo" los acompañó por más de una década, ayudándoles a crear fama y sirviendo, a la vez, de imagen de identidad del barrio puertorriqueño en Nueva York, creándoles problemas en más de una esquina.

Cuenta Colón que a mediados de los setenta tuvieron que apartarse de esta percepción, porque todo el mundo quería pelear con ellos en los bailes y, obviamente, ni él ni Héctor tenían el físico para respaldarla. Se trataba de una imagen funky que caló, porque la violencia es parte de la cultura caribeña. Y fueron muchas las composiciones de Willie Colón que pregonaban la competencia violenta en y por los espacios latinos.

Pero "El malo" es singular, aunque su referencia estaba en una de las parejas salseras más recordadas del ambiente salsero: Willie Colón y Héctor Lavoe.

En este tema, que da vida a su primera producción discográfica (1967), se trata de sentar pauta para la carrera de un joven de poco más de quince años en la dura cultura comercial. Colón quería ser fuerte y que los demás le abrieran camino. Singularmente tuvo que buscar un cantante para grabar el número y ahí llegó Lavoe, ¿sumándose o compitiendo por la imagen de malo? Según la canción, en el barrio no hay espacio para dos malos; así que queda sugerido que, al menos en ese inicio, Colón y Lavoe competían por el reinado.
Este binomio no fue sólo imagen. Se trata del grupo que creció con el sello disquero de Fania y con la popularización del término salsa para nombrar ese proyecto musical. Este dúo es el más característico del género, porque ninguno de ellos había sido famoso antes, ni había grabado con ninguna gran orquesta.

La competencia, tal vez, se la hizo Larry Harlow, pero más que el pianista de origen judío –quien se mantuvo muy apegado al sonido cubano– el trabajo de Willie Colón se distinguió por su mezcla rítmica de calipso, bomba, plena, guaguancó, bugalú, guajira, mambo y jazz.

Curiosamente, también son reconocidos por su sonido jíbaro. Esto, alegadamente, les facilitó su transición de Nueva York a Puerto Rico. El metal ajibarado de las voces de Lavoe y de José Mangual en el coro les daba a estos "locos" de Nueva York pase de autenticidad para que la música de los nuyoricans entrara al espacio radial de Puerto Rico.

Mirado desde el siglo 21, el viaje parece que fue fácil, pero no podemos olvidar la dificultad que pasaron los puertorriqueños de Nueva York en esos años para ser reconocidos como auténticos boricuas.

Su pasaporte al mercado puertorriqueño lo lograron con el disco "Asalto navideño" (1971), con el que el músico "asaltó" la cultura nacional, proclamando la salsa como música típica navideña.

Con frases como "aquí traigo la salsa" y "esta Navidad vamos a gozar", los denominados chicos malos acentuaban el desplazamiento de una comunidad y de un género, acer-cándose a la cultura nacional con un lenguaje parecido al usado para "tomar" las calles neoyorquinas. Esta vez, también diciéndole a su público que "si se apura se muere", y alegadamente con un poco más de humildad, pues "hay jíbaros que saben más".

La imagen de Willie Colón se asoció en sus comienzos a la de un chico intrépido, sagaz y temerario. (Proyecto de Digitalización El Mundo, UPR)

Una ruta de éxitos

EN 1967, Willie Colón visitó a Jerry Masucci y Johnny Pacheco, propietarios del naciente sello discográfico Fania, con una cinta que contenía varios temas que había grabado con su grupo y, aunque se trataba de un novato muy joven, los empresarios cedieron darle una oportunidad siempre que cambiara su vocalista.

Para entonces, Pacheco había escuchado cantar a Héctor Juan Pérez Martínez ("Héctor Lavoe") en un baile en el club Tropicoro, ubicado entonces al sur de El Bronx, y le propuso audicionar con el osado trompetista, armando de esa forma un junte artístico que generó grandes dividendos a la disquera y derivó en glorias para la salsa. La historia de Willie Colón y Héctor Lavoe duró siete años de ininterrumpidos éxitos y, aun cuando se separaron en 1974, mantuvieron por siempre una estrecha relación profesional y personal.

El tránsito en la ruta del éxito prosiguió con la unión de Colón y Rubén Blades, cuya gesta trastocó la salsa y mostró la amplia capacidad del género para navegar por temas diversos, no importa el tiempo de duración de las melodías.

Aunque Fania se opuso, en principio, al desarrollo de la propuesta del dueto, atribuyendo dificultad en la venta y difusión de temas que presagiaban monólogos, el resultado fue avasallador en éxitos. Ese proyecto delineó, además, el compromiso social de los artistas, quienes han permanecido, hasta el presente, al frente de las filas que abogan por la justicia social y la paz.

De esa manera, Willie Colón, que ha ganado once nominaciones al premio Grammy y cuenta con quince discos de oro, cinco de platino, ha logrado destacarse como líder comunitario en luchas a favor de los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos.

En su labor cívica, ha sido presidente de la Asociación de Artes Hispánicas, miembro de la Comisión Latina sobre el SIDA, miembro de la Fundación de Immigrantes de las Naciones Unidas, presidente de la Coalición Arthur Schomburg por un Mejor Nueva York, miembro del Directorio del Instituto Congressional Hispanic Caucus, miembro fundador del Consejo Hispano de New Rochelle (N.Y.) y miembro fundador del Comité del Sistema Judicial de New Rochelle, entre otros organismos, según se desprende de su página cibernética.

También ha sido activista político y se ha postulado como candidato congresional por el Distrito de Nueva York, aunque sin éxito.

Su desempeño social y político siempre ha ido de la mano de su trabajo artístico, por lo que el músico no ha cesado de producir, tocar y cantar. Su más reciente presentación en Puerto Rico fue en 2003, con motivo de la celebración de los 25 años del disco "Siembra".


En su extenso catálogo de producciones se destacan, entre otros, los discos "Poemas de Benedetti" de Tania Libertad, "Los olores del amor" de Amílcar Boscan, "Sophy en Nueva York" de Sophy y "Caribe" de Soledad Bravo, además de los trabajos hechos por Héctor Lavoe.

Espléndida trayectoria musical

Willie Colón inició su historia discográfica en 1967 con el lanzamiento del álbum "El malo", un título que representó la armadura de un proyecto musical a través del que se vindicó la presencia latina en Estados Unidos.

La apariencia del "malo" fue el eje conceptual de los primeros trabajos del músico, con la concurrencia de Héctor Lavoe, y con el que intentaron rescatar el respeto para el latino, cuya imagen era difundida por los circuitos de poder estadounidenses con señas negativas, asociándolo al mundo de la delincuencia.

Los discos subsiguientes mantuvieron el mismo enfoque, exaltados por los diseños de sus carátulas. "El buscón" (1968) fue su segundo trabajo, seguido por "Guisando" (1969), "Cosa nuestra" (1970), "Asalto navideño" (1971), "La gran fuga" (1971), "El crimen paga" (1972), " El juicio" (1972), "Lo mato" (1973) y "El bueno, el malo y el feo" (1975).

Estas producciones estuvieron, a su vez, matizadas por canciones que trataron temas de la marginalidad, con todo y sus señas de peligrosidad, como se aprecia en "Lo mato", "Calle Luna, calle Sol", "El día de mi suerte", "Se chavó el vecindario", "Barrunto", "Piraña" y "Todo tiene su final".

Destaca en sus trabajos, además, cierta nostalgia al haber podido construir una sonoridad que, para los boricuas de Nueva York, evocó el mundo campesino y romántico del país que habían dejado atrás.

Para los puertorriqueños de la Isla el trabajo musical de Willie Colón tendió el puente con la diáspora, presentando un proyecto que, con sus fusiones, incorporó el sonido de las expresiones musicales más autóctonas de la tradición nacional. Así, la salsa de Nueva York entró por la puerta ancha a la casa de los salseros de Puerto Rico.

En 1973, el binomio Willie Colón y Héctor Lavoe se disolvió, aunque el consagrado músico permaneció en la dirección y producción de los discos en solitario que hizo el "Cantante de cantantes", y en los que se mantuvo la misma dirección lírica y melódica.

Mueve su trabajo al discurso social

En 1977, Willie Colón aseguró una vez más su pase al éxito al conformar otro de los duetos más impactantes de la historia salsera junto al cantautor panameño Rubén Blades.

Este junte torció el rumbo del género al presentar un proyecto musical con temas de alto valor social y político, ceñidos en una especie de crónicas del mundo urbano que, con letras de Rubén Blades, logró el éxito más avasallador registrado hasta entonces en la salsa.

Willie Colón se mantuvo al frente de la dirección y la producción de los discos, aunque, por primera ocasión en la carrera del trombonista, incorporó a otro arreglista musical a su grupo de trabajo, Luis Perico Ortiz, siendo éste quien confeccionó el mayor de los logros discográficos de la salsa: "Pablo Pueblo", que vendió 150 mil copias en tiempo récord.

La figura de Luis Perico fue fundamental en el binomio Colón-Blades al aportar las influencias de una nueva generación que saboreaba el sonido de la expresión melódica comercial del mercado anglosajón, sin abandonar la esencia del trabajo salsero.

Si el tema "Pablo Pueblo", contenido en su primer álbum "Metiendo mano" (1977), fue un éxito, más exitoso fue el segundo disco de la pareja, "Siembra" (1978), que incluyó los temas "Plástico", "Buscando guayaba", "Pedro Navaja", "Siembra" y "María Lionza", entre otros.

Luego trabajaron la obra "Maestra vida I y II", "Canciones del solar de los aburridos" y "The Last Fight", con los que también rompieron niveles de venta.

A la entrada de la década de 1980, Willie Colón y Rubén Blades se separaron. Mucho se ha especulado sobre las razones de la ruptura del binomio, aunque ambos artistas han insistido, por separado, quien los motivos del rompimiento tuvieron que ver con el interés de impulsar sus carreras en solitario, con nuevas ideas y nuevas perspectivas.

De hecho, Willie Colón ha reiterado en varias entrevistas que la separación fue el resultado de su intención de lanzarse como cantante, gesta que había iniciado en la producción "The Good, the Bad and the Ugly" (1975), en la que interpretó varios temas. A su vez, aprovechó esa oportunidad para introducir en su música el sonido de trompetas, saxofones y una guitarra eléctrica, lo que junto a su distintivo trombón determinó la base melódica de lo que fue su proyecto artístico en solitario.

Al paso de la década del 70, y mientras disfrutaba de los éxitos acumulados junto a Héctor Lavoe y Rubén Blades, produjo un álbum espectacular junto a Celia Cruz en 1977, "Solamente ellos pudieron hacer este álbum", recordado por los temas "Burundanga" y "Usted abusó". Más adelante trabajó "Doble energía" (1980) junto a Ismael Miranda, que despuntó con el éxito "No me digan que es muy tarde".

Su primer trabajo en solitario fue "Solo" (1979) que destacó con el tema "Sin poderte hablar", al que le siguió el álbum "Fantasmas" (1981) que marcó historia con los éxitos "Amor verdadero" y "Oh, ¿qué será?".

En 1984 publicó "Mi sueño", seguido por "Tiempo pa'matar", el mismo año, consolidando de esa manera su espacio como solista salsero.